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Tres tareas al día, y nada más

Un día que se puede terminar da ganas de volver a empezar al día siguiente. Esa es toda la apuesta de la regla de las tres.

Tres líneas: el día puede terminarse.

Escribir doce líneas por la mañana da la impresión de estar organizada. En la práctica, es un día perdido de antemano: a las 18h quedarán siete, y la única información que habrá producido la lista es una sensación de fracaso. La regla de las tres invierte la apuesta — se escribe lo que se puede terminar.

Por qué tres

La cifra no tiene nada de científico. Es simplemente lo bastante pequeña para que un día normal, con sus reuniones, sus trayectos y sus imprevistos, pueda absorberla; y lo bastante grande para avanzar de verdad. Dos es frustrante. Cinco no aguanta los días normales.

El efecto más importante no es la productividad, es el regreso. Una lista que se puede terminar da ganas de volver a abrirse al día siguiente. Una lista que nunca se termina enseña a la vista a evitarla, y una lista que se evita ya no sirve para nada.

Cómo elegir las tres

Coge una con un plazo real — algo que tiene una consecuencia de verdad si no se hace hoy. Una segunda que haga avanzar algo importante pero nunca urgente: es la que, si no, nunca se hará. Y una tercera pequeña, que te quite un peso de encima desde hace dos semanas.

Esta mezcla evita dos tipos de día igual de malos: el que solo tiene urgencias, y el que solo tiene proyectos, en el que no se marca nada.

Las citas no cuentan

Una cita no es una tarea: no ocupa la misma energía y no se elige. Las tres líneas vienen además de lo que cae a una hora fija — si no, un martes con tres reuniones estaría «lleno» sin que nada haya avanzado.

Dicho esto, si el día tiene cinco citas, una sola línea basta. La regla de las tres es un techo, no una cuota.

El resto no desaparece

Es la pregunta que siempre surge: ¿qué pasa con las otras diecisiete? Siguen en la lista completa, sin fecha, disponibles en cualquier momento. La diferencia es que ya no te miran durante el día. Se vuelven a ver cuando eliges las tres líneas del día siguiente — es decir, una vez al día, en el momento previsto para eso.

Y buena parte de ellas acabará borrándose sin haberse hecho. Es una excelente noticia: son las que no necesitaban existir.

Preguntas frecuentes

¿Y si tengo veinte cosas por hacer?

Siguen existiendo, simplemente no están en el día. Tres líneas elegidas más las citas: el resto está en la lista completa, disponible cuando quieras.

¿Cómo elegir las tres?

Una que tenga un plazo real, una que haga avanzar algo importante, una pequeña que te quite un peso de encima. Esta mezcla evita los días compuestos solo de urgencias.

¿Qué hacer si las tres están terminadas a las 11?

Coges más de la lista. La regla no prohíbe hacer más: prohíbe prometer más.

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