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El time blocking, sin agenda de ministra

La planificación hora por hora aguanta hasta las 10:15. Dos bloques al día, en cambio, sobreviven a la vida real.

Dos bloques puestos, el resto del día libre.

El time blocking consiste en reservar trozos del día para algo concreto, en vez de listar tareas esperando encontrar el tiempo. La idea es antigua; vuelve regularmente, impulsada en los últimos años por Cal Newport y su trabajo sobre la concentración.

Su versión más conocida es también la menos sostenible: la planificación completa, de 8 a 19h, cada media hora asignada. Funciona un día, a veces dos, y luego una llamada se alarga, un tren se retrasa, y el plan se convierte en una lista de reproches con hora.

Dos bloques ya son todo el beneficio

Lo que el time blocking aporta de verdad no es el control del día, es la protección de dos o tres momentos. Un bloque de noventa minutos por la mañana para lo que importa. Un bloque de treinta minutos al final del día para los correos, los recordatorios, las cosas pequeñas. Eso es todo.

El resto del día no necesita planificarse. Está lleno de reuniones, imprevistos y tiempos muertos, e intentar controlarlo produce sobre todo decepción. Lo que importa es que los dos bloques, esos sí, existan — y que solo sirvan para lo que se pensaron.

Tres reglas para que aguante

Un bloque, una cosa. «Trabajar en el expediente» es un bloque. «Avanzar en varias cosas» no lo es: es tiempo libre disfrazado, y se llenará de mensajes.

Un bloque es más corto de lo que crees. Noventa minutos de concentración real valen tres horas de atención interrumpida. Poner bloques de tres horas garantiza que se los coman poco a poco.

Un bloque perdido no se recupera. Vuelve al día siguiente, en su sitio habitual. Es la única manera de no construir una deuda de tiempo que, al cabo de dos semanas, vuelve absurdo el conjunto.

La duración, la información que le falta a la mayoría de las listas

Una lista de tareas sin duración es una promesa a ciegas. Seis líneas pueden representar cuarenta minutos o seis horas, y solo se descubre a las 16h. Escribir una duración aproximada al lado de cada línea — diez minutos, una hora — cambia la manera de elegir el día: se ve enseguida que no encaja, antes de empezar.

La estimación será errónea, a menudo por un factor de dos. No importa: incluso errónea, impide meter un día de once horas en un día de seis.

Una semana de prueba

Pon un solo bloque al día durante cinco días, siempre en el mismo momento, para el mismo tipo de trabajo. Anota lo que pasa: ¿se cumple? ¿Para qué sirve de verdad? ¿Qué lo interrumpe?

Al cabo de una semana sabrás dos cosas útiles: en qué momento del día eres capaz de concentrarte, y qué es lo que sistemáticamente se come ese momento. Es más valioso que una planificación perfecta — y es lo que permite poner un segundo bloque.

Preguntas frecuentes

¿Hay que bloquear todo el día?

No. Dos bloques de sesenta a noventa minutos bastan. Un día completamente bloqueado se rompe con el primer imprevisto, y se abandona el método con él.

¿Qué hacer cuando un bloque se salta?

Nada. No se recupera: vuelve mañana. Aplazar los bloques perdidos acaba creando una deuda de tiempo que nunca se devolverá.

¿Funciona el time blocking sin agenda compartida?

Sí — un bloque puede ser simplemente una intención anotada en el día. La agenda sirve sobre todo cuando otras personas pueden reservar tu tiempo.

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